Juan B. Bergua – 100 años de carrera literaria

Un literario importante

Tras treinta y dos años de nueva lucha, Juan Bautista Bergua llegó a su fin casi centenario. Murió el 9 de junio del 1991, cuando le faltaban tres meses para cumplir los cien años. Si bien nunca tuvo problemas de salud, en los últimos años de su vida le faltaba la vista y no podía leer prácticamente. Las pruebas de las reediciones las tenía que mirar con una gran lupa, pero esto era agotador y prácticamente aceptaba lo que le presentaban los amigos que le ayudaban. Estos añadían a veces en las reediciones notas o comentarios particulares que les parecían divertidos o interesantes, sacados de las conversaciones con Juan Bautista Bergua, pero sin mayor importancia. La obra que más sufrió fue las Mil mejores poesías de la lengua castellana, pero registralmente el autor es José Bergua. En la Edición Platino se han corregido los cambios significativos. Téngase en cuenta, que aquí era muy fácil intercalar o quitar una poesía.

El adagio latino del encabezamiento de estas notas define a la perfección su pensamiento, diríase que se hubiera escrito expresamente para él. Murió en su cama, dulcemente, sin dolor. Si hubiera ángeles arrullarían su sueño.

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Juan B. Bergua – Su Vuelta A España

La vuelta de su exilio de España

En el 59 le avisan que su hermano tiene cáncer. En el Consulado de Toulouse los amigos estudian su caso y le aseguran que no tiene nada que temer si vuelve. Aunque le da miedo, José, al que siempre había cuidado como a un hijo, se muere. El panorama que encuentra a su vuelta, aunque en teoría ya lo conocía, es desolador. Todo se ha perdido. La casa de Getafe, las propiedades de Sallent de Gállego, la librería y en la editorial no sólo no se ha hecho nada nuevo, sino que está en manos de un distribuidor. Cualquier explicación da igual, José se está muriendo. Hay que empezar de nuevo, pero ahora no tiene 20 años, sino 67. No obstante comienza otra vez. Afortunadamente tiene toda la obra preparada en el exilio y las dificultades con la Censura, si bien siguen existiendo, no son la barrera infranqueable que decía José. Por qué motivos lo hacía no hace al caso. La realidad es que Juan Batista Bergua tiene que volver a empezar, como si el tiempo hubiera vuelto atrás 50 años. Es la obra hecha en el exilio la que le permite arrancar con una aparente actividad inusitada. La cantidad de títulos publicados en los primeros años 60 están hechos en realidad en los 22 años anteriores.

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Juan B. Bergua – Su Exilio De España

El exilio de España

Al día siguiente de la entrada de las tropas franquistas en Getafe, ocuparon el pueblo al atardecer, le van a buscar a la finca hacia las cuatro de la tarde. Se presentan en la casa, un soldado con una manta a cuadros colocada a modo de poncho y un mosquetón, un falangista uniformado con un gran pistolón en la cintura, y un cura con teja y traje talar, como iban en la época. Le llevan a la cárcel del pueblo, sin dejarle siquiera coger una manta, “no le va a hacer falta” dice el falangista. Todo esto delante de su mujer e hijos que se quedan llorando. La hija mayor tiene el aplomo de marcharse a los pocos minutos a la Comandancia Militar y poner un telegrama al General Mola. Decía simplemente: “Juan Bautista Bergua detenido en la cárcel de Getafe”. Probablemente por la personalidad del destinatario y, quizá, por lo escueto del mensaje, que no entienden exactamente que implica, la Comandancia lo cursa esa misma tarde. Mola manda inmediatamente un coche a recogerle, que llega al mediodía siguiente y le traslada a la cárcel de Avila. Se salva así del primer intento de fusilamiento.

Mientras tanto en Getafe, los guardianes de la fe y su brazo secular se ensañan con los libros. Tras echar a la mujer y a los hijos y ocupar el chalet durante dos semanas, a la vuelta les hacen cabar zanjas, desmenuzar los libros en hojas y quemarlos con gasolina. De la Crítica de la razón pura, por citar sólo un ejemplo, se queman 40.000 ejemplares que se acababan de editar. Su hermano José, que llega a Getafe a los pocos días, tiene que tomar parte en la quema, aunque incrédulo de que algo así pueda ocurrir ¿a quien puede ofender la Crítica de la razón pura?. Afortunadamente solo queman libros en español, pero respetan la biblioteca particular de Juan Bautista Bergua, unos 5.000 libros, en idiomas extranjeros, sin duda extraños para los santos censores.

Juan Bautista Bergua y Emilio Mola se habían conocido siendo jóvenes en Zaragoza por pura casualidad. Juan Bergua López, su padre, iba todos los años en verano a Sallent de Gállego porque, a parte añorar su pueblo natal, era el hereu, allí estaban aún en vigor las antiguas leyes del Reino de Aragón, de las propiedades de Casa Caperán. Esta era la casa típica del pueblo que aparecía en las postales. A la vuelta solía parar unos días en Zaragoza, la capital para ellos, y allí es donde se conocen y traban amistad Emilio Mola y Juan Bautista Bergua. Luego además, con la República, cuando Mola es Director General de Seguridad, ésta estaba en la Puerta del Sol, en el edificio del reloj que da las campanadas de fin de año, a cien metros escasos de la Librería Bergua, siendo Mola asistente frecuente a las animadas reuniones que tenían lugar en ésta a última hora de la tarde. Cuando cesa como Director General de Seguridad, le amenazan de muerte y se refugia en la casa de Preciados 25, donde permanece escondido casi tres meses. Como además tiene dificultades económicas, Juan Bautista Bergua le sugiere que escriba sus memorias, que publica la Editorial Bergua. Consecuencia de todo esto es que cuando Mola recibe el telegrama de su detención en Getafe, envía inmediatamente un coche a recogerle para evitar que le fusilen. Luego le va cambiando de Avila a Valladolid según el peligro en cada momento. No hay que olvidar que durante la guerra, los falangistas iban a buscar a los rojos peligrosos a las cárceles o a sus casas y los llevaban en camiones a las afueras de las ciudades, fusilándolos al amanecer. Cuando asesinan a Mola en Junio del 37, su primer ayudante, el Coronel Calderón, conociendo el aprecio que el general sentía por Juan Bautista Bergua, le da un salvoconducto, le pone en el tren y le dice: “Si tiene la suerte de pasar la frontera, está salvado, pero no puedo prometerle más”. Consigue llegar a Hendaya con trescientas veinticinco pesetas en el bolsillo, y allí saca un billete a Burdeos, ciudad que conocía y relativamente cerca de España, a donde suponía que podría volver pronto. Cuando sube al tren francés y este arranca, se pone a cantar en voz alta ante el asombro de los demás pasajeros. Les pide perdón y les explica el por qué. Estos se vuelcan con él ofreciéndole su simpatía y apoyo y, además, al saber que no había comido nada desde la salida de Valladolid, su comida. Douce France.

Desde Burdeos contacta con su amigo y compañero Jean Sarraihl, entonces Director de Español y luego Ministro de Educación y Rector de la Sorbona. Se habían conocido en la juventud en la casa de Preciados 25. Esta era típica de la época, amplia y espaciosa sin calefacción central, sistema aún no extendido, pero con chimeneas de leña en cada habitación. Al padre, Juan Bergua López, la hospitalidad le venía de su infancia. En invierno, en el pueblo, la nieve alcanzaba los dos metros y era normal tener que salir de casa por la ventana. Al que venía se le acogía y, probablemente por ello, ahora, cuando parientes o amigos pasaban por Madrid, lo normal era que se alojaran en la casa de Preciados. Los hijos continuaron la costumbre, porque es lo que habían visto siempre. Este fue el caso de Sarraihl cuando vino a Madrid por primera vez a perfeccionar el español, idioma que hablaba perfectamente, no sólo desde el punto de vista gramatical, sino sin acento alguno a pesar de ser de París. Cuando en 1937 le dice a Sarraihl que estaba en Burdeos y sin dinero, ni contacto posible con España, éste le coloca inmediatamente en un curso de verano para extranjeros en Bagnères de Bigorre, curso que antes tenía lugar en España y que ahora se hacía allí por la guerra. Luego le va colocando como Lector de Español, en varios liceos, hasta que 1942 le traslada a Carcassonne, donde Sarrahil tenía buenas relaciones con el director del liceo y con el Prefecto del Aude, Gobernador Civil. Quitando un corto contacto en Francia con los hijos, a los que reenvía a España por miedo al estallido de la II guerra mundial, Juan Bautista Bergua permanece prácticamente aislado de España y sin noticias durante seis años, hasta 1945, en que los hijos pueden ir a verle de nuevo regularmente. Por suerte, durante la guerra mundial no le molestan. Cuando los alemanes hacían redadas de extranjeros, el Prefecto le avisaba de antemano y se iba a Toulouse a casa de los amigos. El verdadero problema era como llenar las horas del día. Las clases, en realidad charlas como lector de español, no le llevaban más de 3 a 4 horas diarias y se concentra en escribir y traducir para huir de la soledad y la añoranza de los suyos. La escritura y traducción de obras maestras de la cultura había sido su vocación de juventud, pero nunca pudo imaginar que tendría que hacerlo para huir de la angustia de la soledad. Como curiosidad, por ejemplo, encuentra un Kalevala en el índice de la Biblioteca de Carcassonne, se acuerda de su juventud, de Sylvain Levi que decía que el finlandés era como el canto de los pájaros, y se pone a leerlo. Le parece de una belleza tan extraordinaria que se pone a estudiar finlandés para poder hacer una traducción digna. Estuvo estudiándolo durante 10 años. Hoy, la única traducción del Kalevala existente en español es la suya.

Del negocio familiar no sabe nada. Mientras dura la guerra por razones obvias, pero después su hermano José sólo le envía cartas lacónicas, hablándole de las dificultades con la censura y la retirada forzada de una gran parte de los libros. También, que al desaparecer la librería de Mariana Pineda, había tenido que dar la distribución a un tercero, ya que la librería se había vendido para pagar a los acreedores. Durante la guerra civil la librería de Madrid estuvo cerrada al no haber nadie que pudiera ocuparse, Juan Bautista en el exilio y José en zona nacional, le había pillado en el pueblo de la mujer, Aranda de Duero, de vacaciones. Sólo quedaban en Madrid su madre y su hermana, que jamás se habían ocupado del negocio y, además, los libros estaban en los almacenes de Getafe, por lo que, agotadas las pocas existencias que hubiera en la librería, no había nada que vender.

Toda las obras que había seguido escribiendo y preparando en Francia se las iba enviando a su hermano para su publicación, pero la contestación, salvo excepciones, como las Comedias de Shakespeare o la Mitología universal, no cristiana por supuesto, era siempre la misma, “no lo permite la Censura”. Ninguno de sus hijos, por otra parte, había tenido nunca relación alguna con la editorial y todo estaba en manos de su hermano José.

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Juan B. Bergua – El Origen de Su Editorial

El Origen De Ediciones Ibéricas

A lo largo de los años se han recibido numerosas peticiones para incluir una biografía de Juan Bautista Bergua como prólogo de una de las muchas reediciones de su obra. Esperamos que estas breves notas sobre su vida y obra cumplan esta función.

Ediciones Ibéricas fue hasta 1939 la Librería-Editorial Bergua, fundada por Juan Bautista Bergua en 1927. Tenía su sede en Mariana Pineda, calle a la que, siguiendo las consignas de la época, cambiaron en 1939 a Maestro Victoria. En 1879 su padre, Juan Bergua López había abierto la Librería Bergua en el número 9, hoy parte de unas prestigiosas galerías comerciales.

Juan Bautista Bergua Olavarrieta nació en Madrid, Marzo de 1892, y si hay una característica general que le pudiera definir, sería el haber sido dotado de una memoria asombrosa. A los 16 años empieza la carrera de abogado que acaba en dos años –entonces, las titulaciones que no requerían cursos prácticos, no tenían más limitación que aprobar todas las asignaturas, obteniendo a continuación una beca del Consejo de Estado para estudiar Legislación Comparada en París. Consecuencia de sus dotes de memoria era, sin duda, su capacidad asombrosa para los idiomas. En España había estudiado por su cuenta francés, inglés y alemán durante el bachillerato, el Grado que decían entonces, además de latín y griego, y cuando llega a París es la época del gran Meillet, de Salomon Reinach y de Sylvain Levi. Las clases de estos maestros no las sigue, las absorbe; probablemente los estudios sobre Legislación Comparada no avanzaran mucho pero, por azares del destino, jamás ejercería luego la abogacía. En París dedica especial atención a las lenguas orientales, en particular al sánscrito, su gran afición. Decía Juan Bautista Bergua que de todas las grandes obras de la humanidad existían, ya en su época, traducciones bilingües al inglés, francés o alemán, pero que no se podía hacer una nueva traducción fidedigna sin recurrir al original. La forma y estilo personal de cada autor, modismos, aliteraciones, giros, etc., son imposibles de reproducir en otra lengua con sintaxis, palabras y sonidos distintos, salvo que se pueda acudir con conocimiento profundo al original. Quién puede, por ejemplo, imaginar una Ilíada sin sus “cóncavas naves”.

Desgraciadamente aquellos años felices de su primera estancia en París acaban bruscamente. Aunque su madre y hermana, su hermano José era aún niño, tratan de evitarle la triste realidad, su padre se muere de cáncer y sólo le llaman cuando ya no hay esperanza: Llega a Madrid para verle morir 20 días después. Se encuentra así con una madre, que jamás se había ocupado de otra cosa que no fuera el hogar, una hermana, que aparecía en las revistas de la época como la mujer más guapa de Madrid y acostumbrada a vivir en consecuencia, un hermano aún niño, y un negocio del que ignoraba todo y no se había ocupado jamás. En aquel tiempo sólo un tercio de las ventas de las librerías provenían de libros de nueva edición, el resto era producto de la reventa de ediciones de bibliófilo, generalmente de lujo, de bibliotecas particulares que, en la mayoría de los casos, sólo eran decoración para aparentar una cultura inexistente. Solían venderse al fallecimiento de los propietarios. Estas reventas de libros bellamente encuadernados, constituían la mayor parte de las ventas de las librerías. El padre, Juan Bergua López, era un maestro de la compraventa, pero para Juan Bautista era un mundo nuevo. En su breve nota autobiográfica en la Historia de las Religiones, comenta: “…requería una pericia que sólo adquirí a fuerza de tiempo, equivocaciones y pérdidas.”. Se juntaba a lo anterior los gastos de mantenimiento de la enorme finca de Getafe. Estaba ésta junto a lo que hoy es el campo de fútbol, entonces una era, y Juan Bergua López, la había comprado, chalet incluído, porque le gustaba tener frutales que cuidaba personalmente. Había nacido en Sallent de Gállego y añoraba su juventud campesina. Esta finca había de condicionar gran parte de la vida de Juan Bautista. Situada a la entrada del pueblo, a media hora de Madrid en tren o autobús, los domingos era lugar de reunión de amigos y compañeros donde, ayudados sin duda por la buena mesa y el Rioja generoso resolvían, escuchando el crepitar de la chimenea o el canto de los pájaros, según la estación, los problemas del país y del mundo.

Su primera novela, Aventuras de Mackena, fue publicada por El Imparcial. Había sido primer premio de un concurso del propio periódico y tuvo, primero como fascículos y luego como libro, un gran éxito. Era una novela de tipo Agente 007, sin pretensión moral o política alguna que, probablemente, incluso hoy tuviera éxito puesta al día con aviones, por ejemplo, que fueran a más de 100 Km por hora, velocidad entonces impresionante. Le sigue Ojos claros serenos, asimismo un primer premio de Parisiana. Se aventura también en el teatro, con Cómo se hace un hombre, sainete con música del maestro Guerrero, pero la dura realidad es que toda esta actividad podía dar fama, pero no generaba recursos suficientes. En 1927 decide fundar la Librería-Editorial Bergua.

De su experiencia en París deduce que hay tres mercados para el libro, que su conocimiento de idiomas le permitiría explotar. El libro muy barato, poco más que un manual de instrucciones, que explicaba como realizar en casa los trabajos y aficiones más corrientes, desde como criar gusanos de seda hasta como poner un enchufe eléctrico. Era la Pequeña Enciclopedia Práctica, que se vendía a 1 Pta (0,006 €). La mayoría de los textos, de unas 60-70 páginas, están sacados mezclando trozos de publicaciones francesas, inglesas y alemanas, luego revisadas por especialistas. Aparecían con frecuencia como autores, su hermano José, él, ambos, o con pseudónimo para disimular tanto refrito. Juan Bautista llamaba a esta colección la Pequeña Enciclopedia Alimentaria.

La segunda colección, la Biblioteca Varía, eran libros también baratos, pero orientados al entretenimiento en general, no sólo a oficios o prácticas caseras. Estaba formada por títulos encargados a expertos en la materia, como el Manual de Ajedrez, de Emilio Mola (el general Mola, gran ajedrecista) y, a veces, de creación propia. Se vendían a 2 Pta (0,012 €). Para entender el éxito de esta colección de libros, hay que recordar que en la sociedad de la época, las familias y personas de nivel medio o elevado, pasaban las tardes en tertulias caseras o de café. El cine estaba en sus albores y el teatro sólo estaba al alcance de una minoría. El primer entretenimiento masivo asequible, el cine, excepto en las grandes ciudades, es una actividad limitada al fin de semana y la radio es un acompañamiento de las tareas del hogar, no un entretenimiento alternativo. La diversión principal sigue siendo la tertulia y los libros de entretenimientos de salón, citas clásicas, chistes, etc., gozaban de un gran mercado, siempre que ofrecieran una lectura fácil. Esto es lo que explotaba la colección Biblioteca Varia.

La actividad del 29 al 35 es frenética. Juan Bautista Bergua llega a preparar un libro por semana. Escribía siempre a máquina, hasta las doce, comía de manera frugal y se iba a la librería de Mariana Pineda. El eslogan de la Librería Bergua era: “un nuevo libro cada mes”.

La tercera colección era la Biblioteca de Bolsillo, orientada a introducir en castellano las grandes obras de la cultura universal. Eran libros para llevar en el bolsillo literalmente y leer en cualquier rato libre y también, para poder formar sin grandes gastos una biblioteca culta. El objetivo era hacer posible que la lectura dejara de ser una afición elitista. Muy bien editados para su precio, 2,50 Pta (0,015 €) en rústica y 4 Pta (0,024 €) encuadernados en tela o ante, estaban al alcance de un salario modesto de 5 Pta/día (0,03 €/día). Fue en esta colección donde verdaderamente arriesgó al hacer grandes tiradas para abaratar costes e invirtiendo los limitados recursos que le quedaban. Tuvo un gran éxito, quizá por venir a llenar un vano de la España de los 30. Como decía el mismo Juan Bautista Bergua: “Es increíble que en España no haya más que ediciones  caras, casi de lujo, de los grandes hitos de la cultura universal, como el Origen de las especies, o la Crítica de la razón pura”. Tristemente tuvo que comprobar pocos años después, que el gran éxito de la Biblioteca de Bolsillo promoviendo la cultura a un precio asequible, sólo fue posible porque en 1931 se había instaurado una República. Duró lo que ésta. Luego se habría de volver a la Edad Media con la Cruzada, a la Inquisición con la Censura, y a la prisión o el exilio de los vencidos.

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Juan B. Bergua – Su Obra Política

La obra política de Juan B. Bergua

Su primera obra política son los Credos libertadores, 1930. En ellos se hace un análisis básico de todos los movimientos sociales de la época, tanto de los mayoritarios, como el Socialismo, como de los minoritarios, Solidarismo Anarquismo, etc., e incluyendo un apéndice sobre fascismo y nazismo. En 1933 iba ya por la cuarta edición. Por otra parte, Juan Bautista Bergua se da cuenta de que las obras sobre el comunismo tienen una venta notable. La colección Nueva Rusia, traducciones de obras de Stalin, Gorki, Trotsky y otros autores, la mayoría soviéticos, se venden regularmente en un mercado creciente. Esto le anima y publica La salvación roja, donde expone las bases para instaurar un régimen comunista basado en las doctrinas de Marx y Engels y comentando los errores del sistema soviético. Llama la atención, visto desde nuestra época, el énfasis en la colectivización del campo, pero hay que recordar la situación de España en la época: una industrialización incipiente en comparación con centroeuropa y unos latifundios en los que al no existir presión sobre la demanda agrícola, los propietarios no sólo no se ocupan de la productividad, que ni entienden lo que es, ni les importa, sino que se convierten inconscientemente en el mayor obstáculo para cualquier mejora agraria. Mientras tanto, los trabajadores agrícolas están a nivel de subsistencia. No hay que olvidar que el hambre fue el desencadenante básico de la guerra civil del 36.

El éxito, mucho mayor de lo esperado, de las obras políticas hace que, en una de las comidas habituales de los domingos en la finca de Getafe, apueste con los asistentes, entre los que está su amigo y compañero Pedro Rico, alcalde de Madrid, a que funda un nuevo Partido Comunista y consigue mas afiliados que el prosoviético Partido Comunista existente. Escribe para ello un folleto titulado el Catecismo comunista, 32 páginas, que en la última llevaba una hoja invitando a afiliarse al Partido Comunista Libre (PCL). En él, imitando al catecismo escolar de entonces, se limita a resumir los principios básicos del marxismo en párrafos breves. Frases como: que “nadie coma que, pudiendo, no trabaje y produzca”, se simplifica luego a “que el que no trabaje, no coma” y hace furor en los latifundios. Está escrito para ser leído en voz alta en grupos donde los oyentes son, en su mayoría, analfabetos; práctica corriente en la época, como lo había sido a lo largo del diecinueve, a consecuencia del analfabetismo, sobre todo entre los mayores. Como le horrorizaba el stalinismo, en el Catecismo comunista propone, en esencia, una sociedad ideal en la que la propiedad es común, la educación está reservada al Estado para que no sea un privilegio de clases, y las religiones y creencias son problema particular de cada uno, al margen por completo del Estado. Soslaya sin embargo, involuntaria o deliberadamente, que toda propiedad, incluso la del Estado, procede de la capacidad de represión y que ninguna clase en la historia del mundo, ha renunciado voluntariamente a sus privilegios. En cualquier caso, tiene un éxito sin precedentes. La primera edición, 10.000 ejemplares, se agota en tres semanas y la segunda edición es de 40.000. A los cuatro meses había recibido 12.000 demandas de afiliación. Frente a ello, el Partido Comunista regular tenía unos 5.000 militantes en toda España. Pero Juan Bautista Bergua era todo menos un líder práctico de masas. Ante la avalancha de afiliaciones no sabe que hacer y, una vez más, se va a pedir consejo a su amigo y compañero Pedro Rico. Este le dice que tiene dos opciones: fundar de verdad un partido, con su secretariado, infraestructura, etc., dejar la editorial y dedicarse como única actividad a la política o, no contestar a los afiliados, retirar del mercado el Catecismo comunista y tener suerte. Stalin, le dice, no quiere competencias y ni la derecha, ni la Iglesia, tolerarán jamás que le discutan sus privilegios. La profecía de Pedro Rico se había de cumplir al pie de la letra.

A finales de Septiembre del 36 le llevan a la checa de Bellas Artes y unos días más tarde a la de Fomento. Para ser rigurosos, le llaman para que se presente en ambas checas, nunca fue detenido. El motivo aparente es explicar su amistad con el general Mola y la publicación de sus memorias. Juan Bautista Bergua tiene el pronto genial de responder atacando en vez de defenderse. Su ataque consiste en argumentar que Mola es un demócrata de siembre, muy mal visto por la derecha del ejercito, pero que horrorizado por el desorden que la Republica es incapaz de controlar, había tenido que formar un grupo con amigos y voluntarios para evitar los fusilamientos en Navarra. Que era este grupo el que se había unido luego al golpe militar. Que lo urgente era entrar en contacto con él, explicarle que la situación ya estaba controlada y pedirle que se uniera de nuevo al ejército regular de la República, evitando que se reforzara el levantamiento del Norte de Africa. Además, les acusa de inútiles incompetentes, cuya falta de astucia política estaba poniendo en peligro la continuidad de la República. Todo esto levantando la voz en plan discurso vehemente. Los chequistas se quedan tan asombrados que le prometen tener unas reuniones internas, analizar la situación y llamarle de nuevo. Quince días después, probablemente el tiempo que tardan en consultar con el asesor soviético, le llaman de nuevo de la checa de Fomento. Aunque repite la escena y le dejan ir, la actitud de los chequistas es ahora muy ambigua. Una vez más se reúne con Pedro Rico, quien le aconseja que no vuelva por la librería y se esconda inmediatamente. Juan Bautista teme que la casa familiar de Preciados 25 sea demasiado conocida y se esconde en la finca de Getafe. Lo que no podía prever es que las tropas franquistas llegarían allí a primeros de Noviembre. Madrid se estaba fortificando y se suponía que el avance desde Toledo se pararía a medio camino hacia Madrid y que, además, el ejército leal a la República contraatacaría de un momento a otro para asegurar la capital.

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Bibliografía de Juan B. Bergua

Los libros de Juan B. Bergua de Ediciones Ibéricas

Obra literaria y erudita
MACKENA, 1918
PRIMER PREMIO, REINA Mº CRISTINA, Lema KAN, 1918
PRIMER PREMIO, INFANTE CARLOS DE BORBON, Lema Matilde, 1918
MACKENA, nuevos episodios, 1920
OJOS CLAROS SERENOS, 1921
DOLOR (NOVELA LLENA DE ALEGRIA), 1923
COMO SE HACE UN HOMBRE, sainete, música del maestro Guerrero, 1924
EL MILAGRO DEL DIABLO, 1925
CABALLERO AMERICANO, 1931
NOCHEMALA Y OTRO CUENTOS, 1935
MITOLOGÍAS EUROPEAS, 1958
MITOLOGÍAS ASIÁTICAS, 1958
MITOLOGÍAS AFRICANAS, 1958
MITOLOGÍAS AMERICANAS, 1958
MITOLOGÍAS DE OCEANIA, 1958
PITAGORAS, 1959
EL LIBRO DE LOS MUERTOS, Egipto, 1960
RELIGIONES PRIMITIVAS, 1961
RELIGIONES INDOEUROPEASY PRECOLOMBINAS, 1961
LAS GRANDES RELIGIONES, Los sikhs, Jainismo, BUDISMO, Lamaísmo, ISLAMISMO, Babismo, Bahaismo, JUDAISMO, 1962
EL CRISTIANISMO, 1964
TRIPTICO LITERARIO, 1976
JESCHUA, Historia del cristianismo, 1980
ARCO IRIS LITERARIO, 1981
COMETA LITERARIA, 1982
HACIA EL SUR, 1985

Traducciones anotadas
EL CORAN, Mahoma, 1929
EUDEMONOLOGIA, Schopenhauer(traducido del alemán), 1930
PENSAMIENTOS ESCOGIDOS,Schopenhauer (traducido del alemán), 1930
LAS CANCIONES DE BILITIS, P. Louis, 1930
LA ILIADA, Homero 1931
EL SATIRICON, Petronio, 1932
FRAGMENTOS, Petronio, 1932
LA ODISEA, Homero, 1932
BATRACOMIOMAQUIA, HIMNOS Y EPIGRAMAS, Anónimos,1932
MAXIMAS, Epicteto, 1933
PENASAMIENTOS, Marco Aurelio, 1933
DE LA CONSOLACION POR LA FILOSOFIA, Boecio, 1933
DICCIONARIO FILOSÓFICO, Voltaire, 1934
LA TEOGONIA, Hesiodo, 1934
EL ALMA DEL MUNDO, Timaios de Lokres, 1934
DE LA CREACIÓN DEL ALMA EN EL TIMAIOS, Plutarco, 1934
EL PRINCIPE, Maquivelo, 1934
EL ATIMAQUIVELO, Federico II de Prusia, 1934
POESIA ERÓTICA GRIEGA, Alceo, Safo, Erina, Ibicos, Corinna, Anacreonte, 1935
POEMAS FIGURADOS, Moschos y Pseudomoschos, 1935
ELOGIO DE LA LOCURA, Erasmo de Roterdam, 1936
LA PARENESIS, Isócrates, 1936
LOS DOS HIDALGOS DE VERONA, Shakespeare, 1958
LA COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES, Shakespeare, 1958
PENAS POR AMOR PERDIDAS, Shakespeare, 1958
LIBROS CANONICOS CHINOS,Confucio y Mencio, 1958
PLUTARCO, Los tratados, 1958
EL BARDO TODOL, Tibet, 1960
LA MUJER Y EL PELELE, P.Louis, 1963
MÁXIMAS, La Rouchefoucauld, 1963
LOS EPIGRAMAS, Goethe, 1963
LOS CARACTERES DE TEOFRASTOS, La Bruyère, 1963
EL ASNO DE ORO, Apuleyo, 1963
LA LUCIADA, Luciano, 1963
DAFNIS Y CLOE, Longo, 1963
HISTORIA VERDADERA, Loukianos, 1963
AVENTURAS DE CHAIREAS Y KALLIRROE, Charitón, 1963
LAS EFESIACAS, Xenofon de Efesos, 1963
VIDA DE APOLLONIOS DE TIANES, Filostratos, 1963
LAS ETIOPICAS, Heliodoros, 1963
AVENTURAS DE LEUKIPPE Y CLEITOFON, Aquiles Tatius, 1963
LA NOVELA DE KALLIMACHOS Y CHRISORROE, Anónimo, 1963
EL BANQUETE DE LOS SIETE SABIOS, Plutarco, 1965
LAS CUESTIONES, Plutarco, 1965
LOS APOTEGMAS, Plutarco, 1965
SOKRATES, Xenofón, 1966
APOLOGÍA DE SOKRATES, Xenofón, 1966
RECUERDOS SOCRATICOS, Xenofón, 1966
DE LO ECONOMICO, Xenofón, 1966
CARTAS, Xenofón, 1966
ETICA, Spinoza, 1966
TRATADOS MENORES, Spinoza, 1966
EL KALEVALA, Anónimo, 1967
VERSOS DE ORO, Hierocles, 1968
EL RAMAYANA, Valmiky 1968
EL KTAB, Anónimo, 1978

Platón, obras completas, traducción, estudios preliminares y anotaciones
APOLOGÍA DE SÓCRATES, Platón, 1930
KRITON, Platón, 1930
EUTIFRON, Platón, 1930
HIPPIAS EL MENOR, Platón, 1930
LACHES, Platón, 1930
CHARMIDES, Platón, 1930
LISIS, Platón, 1930
ALKIBIADES, Platón, 1930
ION, Platón, 193O
SEGUNDO HIPPIAS, Platón, 1932
PROTAGORAS, Platón, 1932
EUTIDEMOS, Platón, 1932
GORGIAS, Platón, 1932
MENÉXENOS, Platón, 1934
MENON, Platón, 1934
KRATILOS, Platón, 1934
FAIDROS, Platón, 1934
EL BANQUETE, Platón, 1935
FAIDON, Platón, 1935
LA REPUBLICA, Platón, 1936
PARMENIDES, Platón, 1960
TEAITETOS, Platón, 1960
SOFISTA, Platón, 1960
POLITICO, Platón, 1960
FILEBOS, Platón, 1960
TIMAIOS, Platón, 1960
KRITIAS, Platón, 1960
LAS LEYES, Platón, 1960
EPINOMIS, Platón, 1960
DIALOGOS DUDOSOS, Platón, 1960
DIALOGOS APOCRIFOS, Platón, 1960
CARTAS, Platón, 1960
DEFINICIONES, Platón, 1960
EPIGRAMAS, Platón, 1960

Obras menores
HIGIENE SEXUAL, 1928
LA SALUD POR EL SOL, 1928
ABC DEL ESPIRITISMO
LA SALUD POR EL EJERCICIO, 1929
LAS PLAGAS, 1929
ORTOGRAFIA, 1929
HIGIENE DEL MATRIMONIO, 1929
HIGIENE DE LAS PASIONES, 1930
GEOGRAFIA DE ESPAÑA, 1930
LA SALUD, 1930
LA ENFERMEDAD, 1930
LA SALUD POR LAS PLANTAS, 1930
COMO SE CRIAN LOS HIJOS, 1930
LA SALUD POR LA ALIMENTACIÓN RACIONAL, 1932
EL GUSANO DE SEDA Y SU INDUSTRIA, 1932
GEOMETRÍA PRACTICA, 1933
TOPOGRAFIA, 1934
LA VID, EL VINO Y LOS VINAGRES, 1934
LAS PLAGAS, 1934
AGRIMENSURA PRACTICA, 1934
EL JARDÍN Y LA HUERTA, 1935
ARBORICULTURA, 1935

Obras firmadas con pseudónimo
GALLOS, GALLINAS Y POLLOS, J. Guaber, 1930
CONEJOS, CONEJAS Y GAZAPOS, J. Guaber, 1930
EL CERDO Y SUS APROVECHAMIENTOS, J. Guaber, 1931
APICULTURA, J. Guaber, 1932
EL CAPITAL, Marx, traducción J. España, 1932
EL MANIFIESTO COMUNISTA, Marx Y Engels, 1932
PRECIOS, SALARIOS Y GANANCIAS, Engels, traducción J. España, 1932
LEYES DE MANU, Anónimo, traducción J. España, 1932
JESUCRISTO ES UN MITO, J Brandés, traducción J. España, 1932
EMILIO, Rouseau, traducción J. España, 1932
DIBUJO GEOMÉTRICO, Jesús de Federico, 1933
EL GUSANO DE SEDA Y SU INDISTRIA, Jesús de Federico, 1933
VIDA DE JESÚS, Renan, traducción J. España, 1934
PINTURA INDUSTRIAL, Jesús de Federico, 1935

Panegírico de Juan Bergua

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Panegírico de Juan Bergua, ícono de los mercadillos de libros usados

Cara Teófila,
Le escribo estas líneas para referirle que llegó a mis manos un libro de 500 páginas en rústica, con texto doble: “El Libro de los Muertos” de los antiguos egipcios, seguido de “El Bardo Todol“, el libro tibetano de los espíritus del más allá.

Es curioso lo que llama la atención en esta publicación, ya que el contenido es en este caso algo tedioso. Compréndame y dispénseme, es que son 300 páginas dedicadas a detalladas instrucciones para entrar en una muerte representada por universos espirituales formales, basados en conceptos ajenos a nuestro imaginario. Pero en las otras 200 páginas, que no dejan de ser tediosas, aparece sin embargo la figura de este señor Juan Bergua, que publicaba sus libros como no podía ser de otra manera, en la editorial “Clásicos Bergua”. El libro en cuestión aparece como “Traducido por primera vez al español” por este señor, la segunda parte incluso lo tradujo directamente del tibetano y en la primera se anima incluso a discutir a encumbrados descifradores de jeróglificos egipcios.

El caso es que este señor también es autor de una Historia de las Religiones de 5 tomos (2500 páginas), así como 2 tomos de una mitología universal que abarca los 5 continentes. El Libro que tengo en mis manos pertenece a una colección de libros también “traducidos, prologados y anotados” por el Sr. Juan Bergua, que incluye 6 libros tales como El Ramayana hindú, El Kalevala (de la mitología lapona), Los Vedas indios, Los Libros Canónicos Chinos (Confucio y Mencio), El Corán y El Avesta (Mazdeísmo). Su extenso listado incluye la traducción de los clásicos griegos y hasta se atrevió con el folckore español.

Quién fue este extraño y prolífico personaje? Aparece en mis ojos como uno de esos científicos humanistas, hijos de familias algo acomodadas, con ese liberalismo que hoy vemos tan conservador, pero que no lo salvó de marchar al exilio francés luego de la guerra civil española. Desesperado por el conocimiento, pero sobre todo por clasificarlo y encuadrarlo en una cosmovisión de una sociedad industrial, eurocentrista y cristiana. Le he creado el neologista rótulo “iluminista post-industrial”, pero por favor indíqueme si ya existe algo para llamar a esta gente, ya que mis conocimientos filosóficos son algo vulgares. Por supuesto, lo que el hombre llama Historia de las Religiones, no tiene nada que ver con la materia que defendiera nuestro querido Mircea Elíade. Para el Sr. Bergua la Historia de las Religiones es sólo una colección de creencias incorrectas que fueron evolucionando hasta llegar hasta el punto máximo de avance espiritual, es decir, el cristianismo. Con decirle que en su largo preludio a “El Libro de los Muertos”, lo describe como “una de las más grandes supercherías y de las más completas imposturas sacerdotales de la antigüedad”: ¡destruye “su” propio libro antes de que lo leamos!. E increiblementereniega de cualquier posibilidad de universalidad o sano esoterismo -visto como conocimiento oculto bajo capas de cebolla-.

Intenté encontrar algúna referencia biográfica en la Biblioteca de Bibliotecas, pero me fue imposible por lo que mis opiniones sobre la personalidad del Sr. Juan Bergua están pobremente documentados. El hombre se abrió a la historia de las religiones por un callejón sin salida, en momentos en que otros científicos desde la psicología y la antropología abrían calles con más futuro, pero al que por medio de estas epístola gusto en otorgarle el dudoso honor de ser un ícono de los mercadillos de libros usados.

Vaya entonces este homenaje para el señor Juan Bergua, y a su amada tibetana que le enseñara el idioma, para luego volver a su mágico e irreal país y perderse para siempre.

Esperando que tan larga declaración no merme su atención en mis futuras epístolas, la saludo como Vd merece,
Teófilo.

JUAN BERGUA: EL ÚLTIMO VOLTERIANO

JUAN BERGUA: EL ÚLTIMO VOLTERIANO
Reportaje en HIBRIS, Revista de Bibliofilia
Por Eduardo Connolly
Agosto 2004

Los que tenemos el vicio de los buenos libros, algunas veces hemos tenido problemas para encontrar ediciones de los “clásicos” en nuestra lengua, y en muchas ocasiones eran, y siguen siendo, los ejemplares editados por “Ediciones Ibéricas”, editorial que aún existe (1), las que nos proporcionaban la lectura deseada. Tampoco podemos olvidar esa otra obra omnipresente en nuestras estanterías “Las mil mejores poesías de la lengua castellana” o la famosa y tan erudita como a veces sarcástica “Historia de la religiones”. Los más mayores recordarán incluso que el nombre original de la editorial era Ediciones Juan B. Bergua. Pero… ¿quién era Don Juan Bautista Bergua Olavarrieta?, ¿cuál fue la vida de este madrileño, editor, traductor, escritor y comentarista de obras clásicas de filosofía y pensamiento?

Juan Bergua: En esta ocasión disponemos de una semblanza autobiográfica de nuestro protagonista, que bajo el título de “Noticia biográfica acerca del autor de este libro escrita por él mismo”, comienza en el tomo 1 de su obra Historia de las Religiones y cierra en el tomo II de la misma. Así pues, por qué no “escucharla” de sus propios labios:

Nací el 4 de marzo de 1892 en Madrid, calle de Don Juan de Austria, número 1. Mi padre, Juan Bautista, cuyo nombre me pusieron al remojarme el cogote con agua de Lozoya, era aragonés. De Sallent de Gállego, provincia de Huesca. Mi madre, Elvira, de Villaverde de Trucios, pueblecito santanderino lindando con Vizcaya. Su proximidad la anuncia mi apellido materno. Su padre, José Olavarrieta, era corredor de fincas. Mi abuelo paterno, Martín Bergua, labrador. Y de aquél, aquella casa buena y con jardín en la que vine al mundo. Los recuerdos más antiguos que conserva mi memoria son los del amplio jardín con su conejera grande hecha con tela metálica; un perro negro, Sultán, que soportaba pacientemente que mi hermana y yo nos subiésemos sobre él, manoseásemos sus orejas y le mirásemos los dientes, y la imagen de mi madre poniendo magnolias en grandes floreros de cristal azul, en los cuatro ángulos de una enorme mesa de billar con troneras, en las que a veces echaban una partida mi padre y mi abuelo.

Cuando éste murió mi tío Daría, heredero con mi madre de lo que había dejado, se apresuró a vender su parte en la casa, lo que obligó a mis padres a desprenderse de la suya. Entonces nos fuimos a vivir a la calle del cardenal Cisneros, número 60, a una casa de ladrillo con terraza, que existe aún.

Mi tío Daría era muy simpático, de grata presencia, alegre, despreocupado, juerguista y mujeriego. Habiendo ingresado con uno de los primeros números en la Academia de Ingenieros del Ejército, y estando a punto de acabar, tuvo que abandonarla a causa de uno de sus líos mujeriles; una querindonga que tenía en Madrid, por reunirse con la cual escapaba todos los sábados sin permiso. Hasta que lo cazaron. El coronel director de la Academia, hombre por lo visto de carácter poco cómodo, le obligó a comparecer en su despacho, le hizo oír lo que no hubiera querido escuchar, le impuso un arresto y de propina le amenazó con ser expulsado si reincidía y a perder, como consecuencia, la estrella que estaba a punto de alcanzar. Mi tío le dejó hablar, tras lo cual lo hizo él para decirle, sin enfadarse, que el arresto le rogaba que lo cumpliese él en su lugar, y que en cuanto a la estrella, prefería la que tanto le hacía gozar en la cama a la futura en la bocamanga. Media hora más tarde estaba a la puerta de la Academia.

Decían que yo me parecía mucho a él. En todo caso, no en lo de despreocupado. Ni en lo de juerguista. Cuando era joven me gustaban las francachelas, pero sin escándalo, sin demasiada bulla. El desorden y, sobre todo, el ruido me han desagradado siempre. No aguanto demasiado tiempo ni aun los acompasados. No soy, o poco, melómano. Soporto, si no dura mucho, la música clásica que conozco. La otra, a partir del jazz, no pasa para mí de variedades sonoras de la evidente degeneración artística a que hemos llegado. y ya, confesaré que el aparato musical que más me gusta es el organillo. El que menos la gaita, sea gallega o escocesa. En cuanto a mujeriego… Pues creo que tampoco. Me han gustado, no lo negaré, muchas mujeres. Porque se han cruzado en mi camino muchas, como digo, capaces de hacer perder la cabeza a un santo. Y además de guapas, que no olían mal, como ahora, que por lo visto, no se las puede aguantar si no emplean desodorantes. y como bastantes veces el gusto fue recíproco, tuve algunos líos de esos en que los ardores de la carne son calificados falsamente de “amor”.

Éste, cuando llegó, que llegó con su primavera radiante, tuvo un otoño sombrío, del que cuando aun me acuerdo (¡Bharati¡) acuden las lágrimas a mis ojos. En cuanto a aquéllos, creo que aún los más severos en estas cuestiones perdonarían su suficiente abundancia si se diesen bien cuenta de lo que me ocurría: era joven, fuerte, comilón empedernido y, claro, a causa de todo ello fabricaba, como fatalmente tenía que ocurrir, muchos espermatozoides. Y naturalmente también, para no morir de “amor”, tenía que darles suelta. Pero vuelvo a mi niñez.

Empecé a instruirme en los Jardines de Infancia de la calle Daoíz. De allí pasé a cierto colegio de San Fermín, situado en la de Fuencarral Y aprobado el ingreso, comencé a estudiar el Grado en el colegio que entonces tenían los Padres Escolapios en la antigua Universidad de Alcalá de Henares. ¿Por qué allí? Lo diré en cuatro palabras. Fue decisión de mis padres sacarme de casa a causa de resultar Troya una verdadera verbena al lado de mis continuas luchas y reyertas con mi hermana Elvira y mis dos primas, Luisa y Encarna, hijas de mi tío Daría. Porque las tres puñeteras formaban contra mí un frente común, contra el que desesperado acababa por emplear el ariete no sólo de mis palabras mal, pero muy mal sonantes, sino el aún más contundente de los puños y los pies. Y aunque legítima defensa, pues ellas sobre ser tres tampoco eran mancas, mis padres aprovechando que en Alcalá estaba de notario otro de mis tíos, Mariano Bergua, a Alcalá me enviaron. Y allí hice los cinco primeros años de! Grado. El sexto, en el Instituto del Cardenal Cisneros, donde acabé e! bachillerato, alcanzando uno de los cuatro premios extraordinarios que se concedieron en ciencias, aquel curso. (…)

Y habiendo preguntado a mi padre, una vez bachiller, qué quería que estudiase, me dijo: “hazte abogado”, carrera que a él le hubiera gustado tener: y abogado me hice. Si me dice médico o ingeniero, médico o ingeniero me hubiese hecho, pues no tenía inclinación particular hacia esta o aquella rama del conocimiento.

Bergua librero accidental

“ESCRIBÍ UN LIBRO QUE FUE UN VERDADERO BEST SELLER: LOS CREDOS LIBERTADORES (…) QUE MÁS TARDE ME VALDRÍA VEINTITRÉS AÑOS DE DESTIERRO”

El autor nos cuenta que se decanta por las oposiciones al Estado, pero antes marcha a aprender idiomas a París, donde recibe la noticia de la enfermedad de su padre al que le resta un año de vida. Esta desgracia familiar lo convertiría en librero:

Consecuencia: tener que regresar y todos mis proyectos e ilusiones por tierra. Me tuve que poner al frente de la librería que teníamos en la calle Mariana Pineda (hoy Padre Victoria), esquina a Preciados, y empezar unos años duros, pues trabajábamos no tan sólo los libros nuevos, sino los de lance, y nos avisaban para comprar bibliotecas lo que requería, para tasarlas y poder quedamos con ellos una pericia que sólo adquirí a fuerza de tiempo, equivocaciones y pérdidas. Una vez al corriente, no tardó el negocio en parecerme estrecho y decidí meterme en tareas editoriales. Que inauguré, por mejor decir, inauguramos, pues mi hermano Pepe, ocho años menor que yo, prefirió trabajar a mi lado a empezar una carrera con buen pie. Con una colección que titulamos “Pequeña enciclopedia práctica”, a la que siguió la “Biblioteca de Bolsillo”, cuyos primeros tomos, El Corán, y los Diálogos socráticos de Platón, traduje yo mismo. Si la primera colección fue un éxito, la segunda más. Total, que con suerte y trabajando infatigablemente (para mí no había horas libres ni días de fiesta: cuando no me afanaba en la librería hacía traducciones y prólogos en Getafe, donde vivía con mi mujer y mis hijos, en una finca que había adquirido mi padre), en pocos años conseguimos levantar una editorial que, de no haber sobrevenido e! pronunciamiento militar, hoy seguramente sería muy importante.

Además, no tan sólo ocupaba e! tiempo en tareas editoriales, sino en otras literarias exclusivamente mías. Escribí varias novelas, empezando con una, Mackena, que obtuvo el primer premio en cierto concurso abierto por El Imparcial, uno de los diarios más leídos entonces, tras lo cual gané otro con Ojos claros, serenos, ofrecido por Parisiana. Y estrené tres obras de teatro, una de ellas Cómo. se hace un hombre, con música del maestro Guerrero. y llegada la República, y al darme cuenta de que todo el mundo empezaba a hablar de los sistemas políticos sin saber, por lo general, en qué consistían, escribí un libro que fue un verdadero best seller, como ahora se dice: Los credos libertadores. y luego otros. Por ejemplo, el titulado La salvación roja. Libros que más tarde me valdrían veintitrés años de destierro. y hundido hasta e! cuello en “izquierdismo”, hasta fundé un partido, el P.C.L.E. (partido Comunista Libre Español); libre, pues (ya lo había dicho en Los credos libertadores al hablar de comunismo) ni me convencían la hoz y el martillo, que sin la inteligencia no son nada (si suena un martillazo en la galería de una mina es porque arriba un ingeniero sabe cómo se la debe entibar y perforar para trabajar con seguridad; la inteligencia crearía pronto máquinas agrícolas cada vez más perfectas, que liberarían al hombre de la servidumbre de la hoz), ni e! llamado comunismo marxista-leninista, pues pensaba, y sigo pensando, que de éste tenía más que de aquél.

PHOTO: Primera edición publicada por la Viuda de Juan B. Bergua en la colección “Pequeña Enciclopedia Práctica”

“DURANTE MUCHOS DÍAS (…) FUERON QUEMADAS TONELADAS DE LIBROS, EMPEZANDO POR COLECCIONES TALES COMO LA TITULADA LA NUEVA RUSIA”

PHOTO
Primera edición publicada en 1932 dentro de la colección “La Nueva Rusia”

Prisionero en ambos bandos

Aún, pues, unos años, aquellos de la República, de trabajo frenético, enturbiado por continuas inquietudes y sobresaltos, muy particularmente llegado el 18 de Julio. Pues, entre otras, estuve y no por mi gusto, en las dos checas: la del Círculo de Bellas Artes y la que funcionó luego en la calle de Fomento. Pero si tuve inquietudes, también satisfacciones. Como por ejemplo, haber hecho conocimiento, y amistad con el general Mala (2), a quien entonces pude ayudar. Él a mí, a su vez me salvó cuando caí en manos de las tropas que avanzaban hacia Madrid, al apoderarse de Getafe. Esto fue a primeros de noviembre de 1936. De entonces a junio del 37, fueron varios meses pasados de cárcel en cárcel. Lo que en ellas vi, así como lo esencial de lo que asimismo fui testigo en Madrid, será conocido cuando publique un libro que se titula Miniatura de la Revolución, en el que se verá que si los “rojos” hicieron muchas cosas que no debían haber hecho, los “azules” no les fueron a la zaga.

Desterrado en Francia

Asesinado Mala (3) a primeros de junio de 1937, su jefe de Estado Mayor, el coronel don Fernando Moreno Calderón, temiéndolo todo por mí al faltar el general, y sabiendo el afecto y amistad que nos unía, fiel a la memoria del jefe querido, me facilitó los medios para pasar a Francia. y en Francia muchos años de destierro. Destierro que gracias a otro buen amigo Jean Sarrailh, fue menos malo de lo que sin él hubiera sido. Rector, cuando yo entré, en la Universidad de Grenoble (murió siéndolo de la Sorbona), me colocó de lector de español en Pau. Luego ocupé el mismo puesto en Agen, posteriormente en Montpellier y, finalmente, en Carcasona. Hasta que en 1960, enfermo mi hermano Pepe de un cáncer de pulmón que acabó con él (era fumador empedernido como mi padre), decidí regresar y ponerme al frente de lo que quedaba de nuestra editorial.

Editorial represaliada

La represalia al triunfar el nuevo régimen había sido terrible. Una mañana (estando yo ya en Ávila) se presentó en nuestra casa de Getafe un orondo y santo sacerdote en unión de dos soldados con un saco cada uno, para “incautarse de nuestra editorial”, según anunció el enconado padre de almas a mi hermano, mirándole torvamente. Y al mostrarle mi hermano los almacenes y darse al fin cuenta el ventrudo tonsurado de que para desalojamos eran precisos no dos sacos, sino muchos camiones, dio orden, que no hubo otro remedio que cumplir, pues entonces la Iglesia tenía mucha fuerza, de que empezase un monstruoso auto de fe en la huerta misma de la finca: durante muchos días, y a favor de gasolina que los inquisidores proporcionaban, fueron quemadas toneladas de libros, empezando por colecciones tales como la titulada “La Nueva Rusia” . No sin muchas súplicas y ruegos, pues el inquisidor mayor, al que Dios tendrá ya en su gloria, no era precisamente un Menéndez Pelayo, consiguió mi pobre y aterrado hermano salvar parte de las obras clásicas, tanto de literatura como de filosofía.

Vuelta a España y declaración de principios

Desde mi vuelta hasta ahora, en años de constantes nuevos trabajos, pero afortunados en cuanto a salud y sin otras contrariedades que las que me ha procurado la bendita censura (pues ninguno de los libros de la colección “Tesoro Literario” ha llegado a manos de los lectores tal cual salió de las mías), he conseguido ir resucitando un negocio que poco a poco se moría. Y aquí estoy trotando por el año 86 de mi vida (4), dispuesto a seguir luchando. y con dobles ánimos, al ver que al fin parece que alborea, gracias a la ilusión tan declamada. “La democracia”, y que los derechos humanos fundamentales, entre los cuales y a su frente, el de libertad de conciencia (poder exponer de palabra o mediante la imprenta .10 que honradamente se crea y se piensa, aunque sea opuesto a lo que creen y piensan otros), parece que van a ser respetados. Y con la esperanza de que del mismo modo que yo no me opondría, aunque pudiera, a los que no opinan como yo, expusiesen por todos los medios sus ideas y creencias, ellos no se levanten, buscando incluso ayudas oficiales, contra las mías.

Y vamos a ver que pasa. Alea jacta esto Y yo, servidor de ustedes si son enemigos de las cadenas y amantes de los libros.

Por Eduardo Connolly Librería Caronte, Palma de Mallorca libreriacaronte@yahoo.com

NOTAS:
(1) Don ]uan Bergua López en 1879, abre en Madrid la Librería Bergua, en la calle Mariana Pineda 9. En 1929, Juan Bautista Bergua Olavarrieta funda la Editorial Bergua y pasa a llamarse Librería-Editorial Bergua. En 1939 obligan a cerrar la Librería-Editorial Bergua de Mariana Pineda 9 y se ven obligados a cambiar el nombre al de Ediciones Ibéricas, actualmente sita en la Plaza del Conde del Valle Suchil 14.
(2) Es curiosa esta amistad que menciona Don Juan Bergua con el general Emilio Mala Vidal (1887-1937), pues el primero le publicó a éste, a pesar de las diferencias de pensamiento obvias, su polémica obra: Lo que yo supe: Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad (Madrid, Librería Bergua, 1933) a las que continuaron otros tomos en la misma editorial Además y aunque ignoro datos concretos, se sabe que también le publicó algo sobre ajedrez, al que el general era aficionado, para ayudarle en sus momentos de penuria económica. Así mismo Bergua a pesar de sus simpatías comunistas, y en una muestra de independencia ideológica, también publicó del autor, anticomunista y antimasón, Maruricio Karl (pseudónimo de Julián Mauricio Carlavilla del Barrio) su primera obra titulada: El Comunismo en España (Edit. Bergua, Madrid 1935), no precisamente laudatoria de tal movimiento.
(3) Parece que a Bergua no le cabe duda al respecto del supuesto asesinato de Mala que, al menos oficialmente, recordemos, mucre en accidente de aviación en 1937.
(4) Esta autobiografía está escrita a finales de los años 70. El autor falleció en 1992.

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Juan Bautista Bergua en sus últimos años